La oratoria no es solo hablar bien. Es conectar, transmitir, emocionar y dejar huella. Y eso fue exactamente lo que viví en una de las experiencias más enriquecedoras que me ha regalado este camino profesional: formar parte de la preparación en oratoria de dos aspirantes al certamen Miss y Mister La Palma 2025.
Nunca había asistido a un certamen de belleza en directo. Y quizás por eso no imaginaba cuánto podía aprender de lo que ocurre detrás de cada pasarela. Porque, más allá de la estética, lo que descubrí fue disciplina, esfuerzo, propósito… y, sobre todo, voz.
Tuve el privilegio de acompañar en su preparación a María Montes de Oca Pérez, representante de San Andrés y Sauces, quien no solo brilló sobre el escenario, sino que fue elegida Miss La Palma 2025. También trabajé con Lucía Álvarez, Miss Puntallana, una joven con un gran potencial y una ilusión contagiosa que deja claro que lo mejor aún está por llegar.
Ambas llegaron con ganas de crecer. Y desde la primera sesión, el reto fue claro: ayudarles a que su mensaje fuera tan fuerte y auténtico como su presencia. Trabajamos desde la escucha, el autoconocimiento y la intención. Porque en certámenes como este, cada palabra cuenta. Y cuando la palabra nace desde la verdad, impacta.
Durante el proceso, vi cómo María fue ganando confianza en su voz, afinando su mensaje y mostrando una presencia escénica tan firme como cercana. No me sorprendió verla alzarse con la corona: no solo la representaba bien, sino que sabía por qué quería llevarla. Su discurso final fue una muestra de madurez, claridad y compromiso.
Lucía, por su parte, demostró una sensibilidad especial y una capacidad innata para comunicar con frescura y emoción. Su actitud positiva, sus ganas de aprender y su humildad hicieron que cada sesión fuera también una fuente de inspiración para mí. El camino de la oratoria no termina en un certamen, y estoy seguro de que el suyo continuará dando frutos.
Esta experiencia me recordó algo esencial: la verdadera belleza también habla. Y cuando lo hace desde la autenticidad, no solo se ve, se escucha. La palabra puede ser una herramienta de poder, de cambio y de representación. Y trabajar con mujeres jóvenes que quieren hablar con sentido, con causa y con corazón, es un regalo que no olvidaré.
Gracias María y Lucía. Por confiar, por dejarme aportar desde lo que me apasiona, y por recordarme que cuando la belleza y la voz se unen con propósito, pueden transformar cualquier escenario.

